Análisis3 min de lecturaImportancia: Torre, estructural

La guerra comercial no terminó: ahora tiene reglas, pausas y líneas rojas


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El 25 de setiembre Xi Jinping terminó una visita de Estado a Washington, la primera de un presidente chino a la Casa Blanca en más de una década. Después de ocho años de aranceles, sanciones y amenazas de desacoplamiento, Estados Unidos y China vuelven a sentarse a la mesa. Yo no leería esa reunión como una reconciliación ni como el final de la guerra comercial. Leo otra cosa: dos competidores estratégicos que descubren que competir no elimina la necesidad de negociar.

Estados Unidos necesita cosas que China controla. China necesita un mercado que todavía no puede ignorar. Y los dos saben que una confrontación sin límites destruye demasiado valor, incluso para el ganador. No es el regreso al libre comercio de hace 30 años: es una confrontación estructural que se volvió rivalidad administrada.

2018: cuando el arancel dejó de ser solo un arancel

La guerra comercial no empezó por un impulso de Trump. En 2018, tras una investigación bajo la Sección 301, la USTR concluyó que prácticas chinas de transferencia de tecnología y propiedad intelectual perjudicaban su comercio, y China lo rechazó. Vinieron aranceles sobre US$34 000, US$16 000 y US$200 000 millones de importaciones.

Detrás estaba el objetivo real: con Made in China 2025, China quería dejar de ser la fábrica barata del planeta y subir en la cadena. Para Washington el problema dejó de ser un déficit comercial y pasó a ser una posible transferencia de poder industrial. Es lo que he llamado la geopolítica del arancel: el arancel puede ser precio, mensaje, muro, negociación y mecanismo para defender un espacio económico.

El Acuerdo de Fase Uno, en enero de 2020, no desarmó nada. Los aranceles se quedaron.

Lo que quedó tras la Fase Uno
Al 25 %
US$250 000 M
Al 7,5 %
US$120 000 M

Biden mantuvo buena parte y en 2024 los subió en sectores estratégicos. Ya no era Trump contra China: era Estados Unidos frente al ascenso industrial chino.

2025: la escalada y la palanca china

El 2 de abril de 2025, el «Día de la Liberación», China recibió un arancel recíproco del 34 %. Hubo respuesta y contrarrespuesta, y en una semana las tasas llegaron a niveles que en la práctica cerraban mercados completos.

El arancel al otro, abril de 2025
EE. UU.
145 %
China
125 %

Ahí China mostró su propia palanca. El 4 de abril impuso controles de exportación sobre siete tierras raras medianas y pesadas, insumos de imanes permanentes, motores, defensa, semiconductores y energía.

China en tierras raras · Reuters
Minería
70 %
Refinado
+85 %

Washington presionaba con software, finanzas y mercados. China demostró que también tenía con qué: los materiales.

De Ginebra a Washington: administrar la rivalidad

En mayo de 2025, en Ginebra, los dos bajaron la temperatura, pero no volvieron a cero: se quitó la última capa de la escalada y la arquitectura de confrontación siguió viva. En febrero de 2026 la Corte Suprema, seis votos contra tres, tumbó los aranceles globales basados en la IEEPA, y Trump invocó de inmediato la Sección 122. No era una anomalía legislativa: era una doctrina geoeconómica buscando instrumentos.

En mayo, en Beijing, nacieron el Board of Trade y el Board of Investment, dos mecanismos permanentes de los que casi nadie habló. Con Xi en Washington empezaron a funcionar, con resultados concretos aunque más modestos que una gran paz comercial.

Bienes no sensibles
US$30 000 millones
trato más favorable, en cada dirección

Hubo además carbón, un diálogo sobre inteligencia artificial y la promesa de ir cada uno a la cumbre del otro: APEC en Shenzhen y el G20 en Miami, al que Washington invitó también a Vladimir Putin.

Segmentar, no desacoplar

Mi lectura es que la guerra comercial entra en una fase más madura. La pregunta ya no es quién la gana, sino qué parte de la interdependencia tolera cada potencia. Los chips avanzados siguen restringidos; los bienes no sensibles reciben alivio. Es menos un desacoplamiento que una segmentación estratégica de la globalización.

Y la secuencia se repite: el arancel sube, la contraparte restringe algo, se negocia, el arancel baja en parte, se crea una institución y queda un pedazo de la medida como palanca para la próxima ronda. Eso es neomercantilismo: no porque el comercio desaparezca, sino porque vuelve a usarse para acumular y defender poder.

Lo que le toca a Costa Rica

Cuando los dos suben aranceles, los flujos se desvían, las empresas mueven producción y cambian las reglas de origen. Costa Rica no tiene que escoger entre China y Estados Unidos, pero una empresa exportadora puede estar en una cadena cuya tecnología depende de uno y cuyo mercado depende del otro. Eso es una vulnerabilidad, y se gestiona decidiendo de quién depender.

No volvemos a 2018. Entramos en algo más complejo: una guerra comercial con reglas, pausas, intercambios y líneas rojas.

¿Qué parte de mi cadena de suministro está hoy del lado equivocado de la frontera entre Estados Unidos y China?

Las cifras, de un vistazo

DatoQué es
US$250 000 MAl 25 % · Lo que quedó tras la Fase Uno
US$120 000 MAl 7,5 % · Lo que quedó tras la Fase Uno
145 %EE. UU. · El arancel al otro, abril de 2025
125 %China · El arancel al otro, abril de 2025
70 %Minería · China en tierras raras · Reuters
+85 %Refinado · China en tierras raras · Reuters
US$30 000 millonesBienes no sensibles · trato más favorable, en cada dirección

Fuentes

arancelesEstados UnidosChinaminerales críticoscomercio internacional