Explicativo4 min de lecturaImportancia: Torre, estructural

La forma superior de victoria no es ganar la batalla: es no tener que darla


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Dos empresas pelean el mismo mercado, con los mismos clientes y el mismo producto. Una baja el precio, la otra responde, y la primera vuelve a bajarlo. Puede que una se quede con la cuenta; las dos cierran el año con menos margen del que tenían en enero. El texto que describe esa escena con más frialdad no es un manual de gerencia: es un tratado militar chino de hace unos veinticinco siglos.

Batalla frontal
Empresa A
baja precios
Empresa B
baja precios
Puede ganar una; las dos pierden margen

Qué dice el capítulo III

El capítulo se llama «El ataque mediante la estrategia» en la traducción que usamos aquí. Conviene decirlo, porque el título cambia según la versión: «El ataque por estratagema» en las que vienen de Lionel Giles, «Estrategia ofensiva» en la de Samuel Griffith, «Planear un asedio» en la de Thomas Cleary. El argumento, en cambio, es el mismo en todas.

La forma superior de victoria no consiste en destruir al adversario después de una gran batalla, sino en alcanzar el objetivo evitando esa batalla cuando sea posible. Giles lo traduce así: vencer en todos los combates no es la excelencia suprema; la excelencia suprema consiste en quebrar la resistencia del enemigo sin combatir.

Y el capítulo ordena las opciones de mejor a peor: frustrar los planes del adversario, impedir que sus fuerzas se junten, atacar a su ejército en el campo y, lo peor de todo, sitiar ciudades amuralladas.

Lo interesante es que ese orden no se defiende con argumentos morales, sino con contabilidad. Preparar el asedio —las máquinas, los abrigos móviles, los terraplenes contra la muralla— toma seis meses, y el general que pierde la paciencia y lanza el asalto entrega un tercio de su tropa para quedarse igual: con la ciudad todavía en pie. Sun Tzu no evita la batalla por elegancia. La evita porque la sabe costear.

Sun Tzu, el precio del asalto frontal
Preparar el asedio
seis meses
Tropa perdida en el asalto
un tercio
Y la ciudad, todavía sin tomar

La muralla, hoy, es el precio

La guerra de precios es el asedio de la empresa: se entra por impaciencia, se sostiene con recursos propios y el terreno que se conquista rara vez paga lo que costó tomarlo.

La aritmética ayuda a ver por qué, aunque para eso haya que salir del texto: el video no da cifras y esta la pone el artículo. El precio es la palanca más sensible del estado de resultados. Según un cálculo de McKinsey sobre la empresa promedio del S&P 1500, subir el precio un 1 % con el volumen estable levanta la utilidad operativa cerca de un 8 %. Un punto de precio pesa casi un 50 % más que un punto de costo variable y más de tres veces lo que pesa un punto de volumen. La palanca funciona igual hacia abajo, y esa es la mala noticia: el punto que se regala en la cotización sale multiplicado del margen, y el volumen extra que se necesita para reponerlo casi nunca aparece en la proporción que se prometió en la reunión.

Lo que se lleva un punto de precio
8 %
de la utilidad operativa se mueve con una rebaja de 1 % del precio, en la empresa promedio del S&P 1500

Cambiar el terreno, no la tarifa

La lectura estratégica es otra, y es una batería de preguntas antes que una respuesta. ¿Puedo cambiar el terreno? ¿Entrar por otro segmento? ¿Modificar el servicio? ¿Construir una alianza? ¿Crear una ventaja logística? ¿Negociar exclusividad? Y la que resume a todas: ¿puedo hacer que la competencia directa deje de ser necesaria?

La lectura estratégica
Terreno
cambiarlo
Segmento
entrar por otro
Servicio
modificarlo
O una alianza, la logística, la exclusividad

Para una empresa costarricense que exporta, esas preguntas tienen respuestas concretas y poco épicas: una certificación que el comprador exige y el competidor todavía no tiene, un destino donde el flete propio o la cadena de frío son la ventaja, un contrato de distribución exclusiva, un servicio posventa que el importador no quiere montar. Ninguna es gratis y ninguna se decide en un trimestre. Esa es justamente la diferencia con la rebaja, que se decide en una llamada y se paga durante años.

La pregunta, entonces, no es siempre cómo derrotar al competidor. A veces es cómo dejar de jugar exactamente el juego que el competidor espera que uno juegue.

Lo que esto no es

Nada de esto convierte a Sun Tzu en un gurú empresarial. El arte de la guerra es un manual militar escrito para un Estado en guerra, y leerlo como un recetario de negocios es la manera más rápida de sacarle frases y no ideas.

Tampoco «no dar la batalla» significa no competir. Cambiar de terreno cuesta plata, toma tiempo y a veces no está disponible: en un producto indiferenciado, con un comprador que fija el precio y varios oferentes equivalentes, la guerra puede ser inevitable. Ahí la pregunta cambia de forma —cuánto puede sostenerla su estructura de costos antes que la del otro—, pero sigue siendo la misma pregunta por el desgaste.

Lo que deja el capítulo III no es una receta, es un orden de preferencia. Quien alcanza el objetivo preservando recursos y evitando el desgaste frontal probablemente está jugando mejor, y eso se decide antes de la pelea, no dentro de ella.

¿En cuántos de sus mercados está bajando el precio solo porque el competidor lo bajó primero?

Las cifras, de un vistazo

DatoQué es
seis mesesPreparar el asedio · Lo que cuesta el asalto a una ciudad amurallada, según el capítulo III
un tercioTropa perdida en el asalto · Lo que cuesta el asalto a una ciudad amurallada, según el capítulo III
8 %Efecto de un punto de precio sobre la utilidad operativa (McKinsey, 2003)

Fuentes

Sun Tzugeoestrategianegocios internacionalesnegociación